Este fin de semana he acudido a las Jornadas de Psicología Educativa, Neurociencias y Emoción celebradas en Santander. Ha sido mucha la información que han dicho y es imposible poder ponerlo todo aquí pero os daré unas pequeñas pinceladas de las ideas y reflexiones con las que yo me he quedado.

D. Pablo Fernández Berrocal, catedrático de Psicología, planteo esta pregunta: ¿Cómo alguien tan inteligente puede en ocasiones ser tan estúpido? Todos conocemos personas que son muy buenas intelectualmente y que, en un momento,  pueden acabar con su carrera por algún impulso incontrolable o por no saber manejar la situación.

Está claro, las emociones están en nuestra vida y son las causantes de nuestras decisiones. Cuanto mayor es la incertidumbre, más se elige lo inmediato.

Menos habilidades emocionales en niños de 3 o 4 años predicen peor salud y más delincuencia en su vida adulta. Pero si hay un entorno que les ayuden pueden cambiar este pronóstico. Los niños que sean capaces de desarrollar su inteligencia emocional tienen mayor rendimiento académico.

Sabiendo esto, hay que luchar para que haya programas de inteligencia emocional en la escuela. Aprender a reconocer, comprender, expresar y regular las emociones es vital para mejorar académicamente y saber vivir. Las emociones no son ni buenas ni malas. Pero si tienen que ser útiles, todas tienen una función.

Todos deberíamos aprender a regular las emociones. No hace falta ir al psicólogo cuando estemos mal sino simplemente porque quiero estar mejor.

D. Juan Buil Gazol, profesor de la Universidad de San Jorge y de la Universidad Internacional de Cataluña, nos recordaba que una persona siempre puede escoger su actitud y que la actitud se puede cambiar.

 Quizás todos nos deberíamos parar a pensar y preguntarnos: ¿Cómo me gustaría que fuese mi vida?

Publicado: 24 de Octubre de 2016